
Una de las obras que mejor representan el movimiento modernista del primer cuarto del siglo XX es, sin lugar a duda, el pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Buena muestra de ello es el modo en que sigue siendo fuente de inspiración de muchas generaciones de arquitectos. Éste sería el lugar que albergaría la recepción oficial presidida por el entonces rey de España, Alfonso XIII. El autor del pabellón fue Mies van der Rohe (1886-1969) quien en colaboración con Lilly Reich diseñó este sillón para el rey y la reina, así como el resto del mobiliario que formaría parte del espacio construido con cuatro tipos de mármol, vidrio y acero.

«La silla es un objeto muy difícil. Todos los que han intentado hacer una lo saben. Hay infinitas posibilidades y muchos problemas; la silla tiene que ser ligera, fuerte, cómoda. Casi es más fácil construir un rascacielos que una silla» (Mies Van der Rohe, 1930)
Conocida como Silla Barcelona es una pieza de líneas sencillas, elegantes, discretas y armoniosas. Modernidad y simplicidad en estado puro. Se especula sobre cual fue la fuente de inspiración para esta pieza y bien pudieron haber sido las sillas plegables del Antiguo Egipto, o las «curulis» las que utilizaban los magistrados romanos. Ambas tienen una estructura geométrica las celdillas originadas por el capitoné. Al fin y al cabo la silla Barcelona fue concebida para convertirse en un trono moderno, al ser destinado su uso por los monarcas españoles en la inauguración de la Exposición.

Van der Rohe era un diseñador de la Bauhaus. Creía en el mobiliario funcional y estaba convencido de la necesidad de que éste pudiera ser producido en masa y a un precio asequible. sin embargo, lejos de ser sencilla y económica, la silla Barcelona es muy costosa resulta extraordinariamente difícil de producir. Originalmente la silla Barcelona se fabricaba artesanalmente. Constaba de unas tiras de cuero ligadas a los travesaños que sostienen un tapizado con capitoné. Las nueve piezas de acero debían ser soldadas y pulidas a mano, hasta alcanzar un acabado de espejo.
